He observado que aparecen varias personas que quieren desaparecer del Registro de la Iglesia Católica. A mi dicha pretensión, me resulta totalmente desmotivada.
Los sacerdotes jamás han obligado a nadie a bautizar a sus hijo, a que hagan la Primera Comunión, a casarse o hacer los funerales.
Los Registros de la Iglesia Española, como institución, tiene sus propias normas que dimanan de las mismas fuentes comunes del Derecho ordinario. Por muy lego que se pueda ser en la materia, todos tenemos conocimiento de la existencia del Derecho Canónigo, del mismo modo que existe el derecho civil o el penal. A nadie se le ocurriría decir, porque yo tenga un antepasado, que eliminen determinados libros de la Biblioteca Nacional. El Instituto Nacional de Estadística, tuvo en su día, la oportunidad de crearse, gracias a la colaboración de la Iglesia Española. Hasta el año 1956 sólamente certificaba la identidad de una persona, la célula de identidad, que se otorgaba a partir del certificado de la parroquia. Podría decir y hablar horas y horas de los servicio médico, de la educación y el auxilio social que ha venido prestando la iglesia, mucho antes que el estado cayera en la cuenta, que era necesario educar a las personas. Cuántos niños han acudido a la escuela en aquellas fechas, mientras los padres no sabían si serviría para algo estudiar, pero al menos allí le daban de comer a los niños. Lamento confesar que me dan lástima todas las personas que critican por criticar.

