Me doy miedo
He seguido de cerca –como casi todos los españoles- el caso y los juicios sobre el asesinato y desaparición de Marta del Castillo.
Después de hacer pública la última y reciente sentencia sin que, en definitiva, haya aparecido el cuerpo de la pobre chica que, por otra parte, era lo que perseguían sus padres con mayor necesidad; es cuando, como padre, me doy miedo al comprobar que se despiertan en mí los más bajos instintos. Instintos primitivos que me hacen pensar e imaginarme las cosas que, a mi juicio, se merecerían que se les hiciera para que no se queden con el privilegio de conocer el lugar donde se encuentra Marta. Pasan unos instantes y, por suerte, aparece de nuevo el raciocinio. Un raciocinio que no debería perder nunca más, ni por unos breves instantes.
16 de enero de 2012

