GRANADA CIUDAD PROFUNDAMENTE INCÍVICA
Habiendo sido una ciudad preciosa y afortunada por su entorno paisajístico y por su rico patrimonio histórico, artístico y cultural, por la desgraciada coincidencia de pésimos gobernantes, una fortísima especulación urbanística y la generalizada mala educación de la inmensa mayoría de sus habitantes, se ha ido deteriorando su tradicional calidad de vida y, en mi personal opinión como granadino de pura cepa y edad suficiente, progresa adecuadamente hacia su despersonalización absoluta.
Si nos fijamos en la circulación, todos los visitantes la critican, pero es que no es para menos. Ya como conductor o como peatón normal, te da complejo de raro o te aborda la depresión ante tal cantidad de incumplimientos del Reglamento General de Circulación que puedes observar y padecer. Ya me he pronunciado varias veces contra la incívica invasión de bicicletas y motos por las aceras, pues nada cambia, al revés. Se detecta la connivencia y tolerancia con que la autoridad local competente pasa olímpicamente del tema. Se aproximan unas elecciones y no estaría mal que el actual alcalde y los candidatos a substituirlo se pronunciaran a este respecto. ¿Seguiremos en absoluta indefensión los peatones pendientes siempre de quién aparece por detrás o al otro lado de una esquina? ¿Tendremos que soportar malas respuestas, gestos obscenos y, hasta intentos de agresión, si algo les dices porque los ves en dirección prohibida, a velocidad excesiva y haciendo caballitos o cabriolas por las aceras? ¿Cuántos votos pueden perder unos o dejar de ganar otros por velar por que cada cual vaya por su sitio con respeto? Fijémonos ahora en los aparcamientos encima de las aceras, en las dobles filas, en carga y descarga o en zona de minusválidos. Un reciente informe (ALD Automotive), colocaba a Granada a la cabeza en multas por esos motivos. Nos sabemos de memoria modelos, colores y matrículas de vehículos de nuestra vecindad que, en un 98% de los días, aparcan indebidamente, dificultando maniobras de acceso o salida del garaje. Se advierte, no hacen caso. Lo informamos a la Policía Local, nada cambia. O no vienen, o si vienen, no multan, pues la reincidencia con multas no la soportarían los comercios. Luego o enchufe o vista gorda, no cabe otra conclusión.
Qué decir de los grafitis sobre monumentos, de la rotura a posta del mobiliario urbano. Plazas recién urbanizadas, caso de la existente junto a la Biblioteca Francisco Ayala o las del Nuevo Zaidín, llenas de papeles, bolsas, latas y botellas. Tampoco respetan sus zonas ajardinadas o sus fuentes. El Ayuntamiento renuncia, lógicamente, a replantar setos en esquinas o árboles, porque se los cargan literalmente. Otro apartado merecen terrazas, bares y restaurantes. Todo sucio, inmensamente sucio. Dueños y empleados prefieren barrer y limpiar a ver sus negocios vacíos, pero hasta ahí se ha llegado. En algunos, entras en los servicios y te aguantas mejor, dado su estado. Y ya, para colmo, casi la capital mundial del “botellón”. Sus padres no pueden controlar y encima les financiamos la policía nacional y local. ¿Les dolerá esta Granada a sus políticos o a sus vecinos? Parece que no, pero la fama se la lleva Granada. elsadday.

